A veces te das cuenta de que no todo es tan maravilloso como siempre habías creído. Cuando por fin abres los ojos... contemplas. Bajas de la nube estrepitosamente. La caída puede ser muy dolorosa y la recuperación demasiado lenta.
Miras a tu alrededor y denotas ciertos comportamientos, pequeños detalles que hacen que no quieras volver a vivir lo mismo. Nunca más. Has aprendido suficiente, una y no más. Segundas partes nunca fueron buenas, ni terceras y mucho menos cuartas.
Es entonces cuando comienzas a coger carrerilla, cada vez con más velocidad. No quieres caer, pero es inevitable. El daño está hecho. Tu vida pasa repentinamente durante el trayecto y sin darte cuenta te encuentras en el suelo, magullada y llena de heridas.
Lo importante ahora es secarse las lágrimas, mirar hacia delante, curarse las heridas, poner un pie delante del otro y continuar la marcha.
...y tan largo el olvido.
lunes, 20 de julio de 2009
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