- ¿Y luego qué?
- Nunca más tuvo frío. Ella quería mirarlo a oscuras, en la penumbra. Seguir escuchándole, contemplándole. Sentir que podía ser parte de él. Ser algo más. Quería que él fuera la pieza, esa que faltaba en el rompecabezas de su vida. Y mientras se planteaba todo esto, seguía mirándole en silencio. Sin hablar, sin pronunciarse... porque a veces... con una sola mirada basta.
y mírame,
y dímelo, una y otra vez.
repítelo,
y bésame.
sábado, 9 de mayo de 2009
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