martes, 21 de abril de 2009

me tropiezo, me caigo, y vuelvo a tropezar

Es inevitable. El ser humano es así. Parece que no aprendemos, nos gusta equivocarnos, tropezarnos, magullarnos. Una y otra vez. Dos o tres, incluso miles de veces. A lo largo de nuestra vida, aprendemos de las veces que nos caemos. Somos lo que hemos vivido y las veces que nos hemos desvanecido. Forjamos nuestra vida gracias a esas caidas y heridas. A veces ponemos tiritas, otras veces la herida sangra sin control. Pero lo único que realmente sé es que, pasado el tiempo, toda herida cicratiza y la piel vuelve a regenerarse. Puede que el camino tenga baches y volvamos a caer. Pero lo que es cierto es que SIEMPRE hay que levantarse, agotar las lágrimas, ponerse un par de tiritas, continuar y mirar hacia delante.

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