Y sin embargo, creo que sigo siendo yo. Sí, la misma que hablabla horas y horas delante del teléfono. La misma que te imitaba en todo lo posible. La que aprendió a no ahogarse demasiado desde pequeña. La que hacía arena fina. La que fue cura en el colegio. La que quiso ser tendera, cajera y Presidenta del Congreso.
Esa misma.
Y con casi dos décadas.
lunes, 2 de noviembre de 2009
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