Porque la trampa, justamente, es pensar que estamos amarrados. Tomamos decisiones, nos metemos en créditos, en compromisos, y corremos algún que otro riesgo. Compramos casas, ponemos bebés en habitaciones rosas y dormimos todas las noches abrazados. Nos maravillamos de esa... ¿Cómo llamábamos a eso? Esa "complicidad". Sí, así es como lo llamábamos, cuando éramos felices. O cuando no lo éramos tanto...
La trampa es pensar que tenemos derecho a ser felices.
Mira que somos bobos. Tan ingenuos como para creer un solo momento que controlamos el curso de nuestras vidas.
El curso de nuestras vidas se nos escapa, pero qué importa. No tiene mucho interés...
Lo ideal sería saberlo antes.
"Antes", ¿cuándo?
Antes.
Antes de pintar las habitaciones de rosa, por ejemplo...
A veces un libro también puede llegar a ser maravilloso.
Atrévete a leer.
martes, 24 de marzo de 2009
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